- Te voy a echar de menos.

Eso se dice siempre, pero no es siempre así. Quien se va echa de menos al principio, sí. Pero después hace su vida, una nueva vida, descubriendo nuevos lugares, nuevas gentes; llenando los huecos con nuevas historias. Quien se queda, en el mismo lugar, con las mismas historias pero con menos gente, es quien no llena huecos, sino que los construye.

Su vida empieza a ser un continuo echar de menos. Viviendo a través de las historias de otros. Soñando que quizá, algún día, le ocurran cosas, pase de simple complemento agente a sujeto paciente. Pero cada vez hay más y más huecos. Y menos gente, y menos historias, y menos ganas, y menos tiempo. Y se va agujereando, poco a poco, cada día un poco más, cada día un hueco más. Tanto que, a través de esos agujeros se ve la luz del otro lado. El lado de lo que pudo haber sido y no fue. El lado de los sueños y las ilusiones rotas. Y cada vez se ve más hueco y menos persona. Y por tanto, debe hacer algo para llenarlos. Debe ir hacia esa luz, atrapar lo que todavía puede ser y aun no es, las ilusiones y los sueños por alcanzar. De lo contrario, desaparecerá en la nada, convertido en un sólo hueco. Un hueco del que nadie recordará que, una vez, fue alguien que ayudó a los demás a llenar los suyos.