Desde que vio esos grandes ojos mirándola, su vida cambió por completo. O eso es lo que siempre decía. La verdad es que su vida hasta mucho tiempo después no cambiaría tanto como ella creía que lo había hecho, pero bueno, no adelantaremos acontecimientos, que acabamos de empezar. Para ella fue un gran cambio, pero lo cierto es que solo se había enamorado, una vez más. La diferencia ahora es que había encontrado a una persona tan parecida a ella que cuando estaban juntas creía estar mirándose en un espejo. Claro que ella era un poco menos guapa, un poco menos joven y un poco menos lista, o eso decía.

Julieta es una chica muy especial y a la vez con un currículum de casualidades desafortunadas bastante amplio. Quizá todo se remonta al día de su nacimiento. Porque seguro que todos habéis pensado que se llama Julieta porque sus padres serían unos señores cultos y leídos en cuanto a teatro Shakesperiano se refiere, pero no. Resulta que la noche en la que a Julieta le apeteció salir al mundo su padre se hallaba recostado leyendo  “Julieta o las prosperidades del vicio” del Marques de Sade. Como tras su nacimiento no tenían nombre decidido eligieron Julieta al verlo su madre en la portada del libro y parecerle un nombre precioso. Cada vez que le dicen. -¿Y te llamas así por Romeo y Julieta? Qué romántico, ¿no? Ella sin dudar dice que sí. No se atreve a explicar a todo el mundo que no, que se llama Julieta por la hermana huérfana que se decantó por el camino del vicio.

[Continuará…o no…]