I

Así como suelen decir, yo tengo el corazón en un puño, que me aprieta cada vez más y más fuerte. Me quedo sin aire, me ahogo y me siento morir a cada instante. Mis órganos ya no responden a la llamada de un cerebro que sólo puede pensar en ti, que está atormentado. Ráfagas de pensamientos grisáceos me nublan la consciencia, ya soy sólo una sombra en la oscuridad. Te odio a cada momento en el que te amo más. Me torturo y me distraigo intentando olvidarte, y al hacerlo, me acuerdo de que te olvido. Cada olor, cada color, me trasladan a algún momento, algún lugar, contigo, pero estos recuerdos siempre se acaban fundiendo a negro. Porque me han arrebatado algo que ni siquiera era mío. Porque te quiero tanto queriéndote odiar. Estoy muerta por dentro, sólo me queda el cuerpo, porque mi ser es tuyo. Tú eres el puño. Y me va a explotar el corazón.

II

El mismo pensamiento una y otra vez repetido en mi cabeza. La misma sensación de angustia repentina. Necesito vomitar todo lo que siento, expulsar fuera el dolor. Necesito sentirme íntegra. Volver a mirarte sin que se me claven alfileres en el puto corazón. Si tuviera valor me lo arrancaría. Vivo en una casa sin ventanas, sin vistas al mar. Sólo veo una pared sucia, desconchada y agrietada; llena de humedades causadas por la lluvia de unos ojos que, hoy, solo ven borroso. Ojos que también me quitaría para que no viesen nada que pudiera hacerlos llorar. Y tú no te enteras y ni siquiera te importa. No sabes que estoy muriendo. Que estoy gritando que necesito ayuda urgente para sobrevivir.

 

III

Dudo que alguna vez haya sido para ti algo más que un juguete, que usas mientras te divierte y cuando encuentras una distracción mayor lo tiras o lo escondes en el fondo de un baúl. Un juguete roto no hace ilusión. Aunque te haya escuchado en tus momentos bajos, aunque te haya aconsejado aun en contra de mis propios pensamientos, aunque te haya animado y mimado cuanto puedo, cuanto me dejas. No importará. Si me dejas de necesitar me abandonarás, aunque yo siga necesitándote. Porque los juguetes, ¡qué importa que se rompan si puedes comprar nuevos! Sus problemas no importan mientras no entorpezcan su función, hacernos pasar un rato agradable, sin esperar que por eso tengamos que quererlos.

IV

Transcurren mis días envueltos en un aire altamente viciado, mientras, aliento mis pensamientos con la esperanza de que una brisa renovadora, limpia y fresca ha de llegar pronto. Pero pronto nada llega. Y sigo esperando. Descubriendo en mi, cada vez, mayores miserias. Me miro al espejo y veo un despojo, sin entrever algo de lo que fui y ya no soy. Miro mis ojos y no queda ni un minúsculo reflejo de vida. Y es que por dentro estoy desgarrada.