Sentir que la vida pasa.  Sentir que te oprime el tiempo, que todos los sueños que tenías de pequeña se esfumaron tan rápido como tardó en pasar tu infancia, casi sin darte cuenta.

Y aquí, fracasada, vencida por la vida que elegiste vivir, te preguntas qué será de ti mañana.

Y de repente comienza a sonar el teléfono, o llama al timbre alguien a quien no esperabas. Y tu cara luce de nuevo esa sonrisa característica de la felicidad.

¡Cómo podemos conformarnos con tan poco! Una presencia, un olor, un abrazo…